Mi cualificación

Aunque en las últimas décadas algunas modalidades o sistemas de sanación particulares basados en marcos conceptuales específicos de mayor difusión a nivel internacional han optado por estandarizar la formación a su manera y expedir también certificados de profesionalidad, aunque solo extraoficiales, esto no es en realidad representativo de la posición a este respecto de la totalidad del colectivo de sanadores y de hecho tradicionalmente la forma de proceder en relación a estos asuntos en el campo de la sanación ha diferido y difiere mucho de lo que se hace en otras disciplinas más convencionales basadas en el intelecto, y no solo porque esta haya permanecido ignorada y relegada por el estamento oficial y el sistema sanitario vigente totalmente identificado con un paradigma biomédico contrapuesto sino debido mayormente a exigencias debidas a su especial naturaleza y al singular papel que en ella desempeña el sanador.

Una característica distintiva de la sanación espiritual que la diferencia de otras disciplinas es que la formación puede ser realizada indistintamente de forma autodidacta o de modo más reglado, algo que tiene su porqué. La capacidad sanadora no puede adquirirse a través de ninguna formación externa ni ser otorgada por nadie, en el mejor de los casos así se pueden obtener conocimientos técnicos y pautas para desarrollar habilidades, y puesto que se fundamenta en el desarrollo espiritual solo puede ser desarrollada por el propio aprendiz de sanador, existiendo una pluralidad de formas de hacerlo. Por otra parte, incluso si se empieza por realizar algún tipo de formación básica externa, esto no cubre ni de lejos todas las necesidades formativas y debido al hecho de que cada aspirante posee una combinación particular de dones que para poder sacar el mayor partido de su potencial sanativo debe asumir la responsabilidad de personalizar su formación por sí mismo hasta desarrollar un sistema de trabajo que conjugue sus peculiares aptitudes con el tipo de ayuda específica que recibe de sus guías. Finalmente, conservando siempre ciertos elementos comunes, hay una gran diversidad de formas de realizar el abordaje sanativo, cada una con sus particularidades , e incluso a veces sensibles diferencias, tanto respecto a su enfoque como a la forma de ejecución. Por ejemplo las iniciaciones y los símbolos que juegan un papel relevante en alguna modalidad de sanación no son consideradas realmente necesarias por parte de otros sistemas de sanación que en consecuencia no los emplean.

Todo ello imposibilita que se pueda llegar a una conclusión unánime de validez universal respecto a cual es la mejor manera de realizarse la formación, de modo que se haya una deliberada ausencia de criterio uniforme y reglas preestablecidas al respecto que permite a cada sanador, la libertad de optar por el tipo de formación que considere más conveniente o afín, entre las distintas posibles formas de adquirir la competencia en sanación disponibles, todas ellas igual de válidas mientras sirvan para desplegar el potencial sanativo, siendo el denominador común a todas ellas siempre un importante componente autodidacta. Esta ausencia de estandarización, que es un elemento de dificultad adicional a la hora de formarse , no presupone falta de rigor o seriedad sino que cumple una importante funcion, si la formación fuera impartida siguiendo estrictamente un criterio normalizado prestablecido ar-bitrariamente con la pretensión de garantizar un determinado estándar de calidad, esto podría ser conveniente para ciertos sanadores que encajarían bien en esta particular forma de sanación predefinida pero tal uniformidad sería muy limitante para el desenvolvimiento espiritual y profesional del resto, lo que sería totalmente contraproducente.

Si partes de la premisa de que se requiere una titulación oficial avalada para ejercer una profesión, es evidente que los sanadores que realicen su aprendizaje de forma autónoma, asumiendo la responsabilidad de instruirse a sí mismos con la inestimable ayuda de sus propios guías espirituales, algo perfectamente factible en este campo y además legítimo y que cuenta con el total beneplácito del mundo espiritual, que se interesa solo por el nivel real del sanador más allá de toda posible ostentación de titulación, solo pueden acreditar su nivel en la calidad de su quehacer sanador. Pero en realidad tampoco pueden hacerlo el resto de sanadores que hayan podido cursar algún tipo de formación más formal, cuyas acreditaciones son oficiosas y no pueden ser homologadas a un título oficial debido al hecho de que no existe aún reconocimiento de la misma como profesión.

Pero independientemente de la falta de regulación profesional por el Estado los sanadores tienen la integridad y la capacidad de asumir por sí mismos la responsabilidad de lograr estar debidamente cualificados y tener el nivel de desempeño necesario para ejercer su oficio, que es lo que de verdad cuenta. Y por si esto fuera poco, quiero aclararte que el mundo espiritual, del cual el sanador es representante, además de elegir cuidadosamente a las almas que se van a dedicar a la sanación, es quien se ocupa principalmente de aleccionarlas para que puedan desarrollar sus dones tanto si en su formación participan además profesores físicos como si no, y tiene su propio sistema de control de calidad y ejerce una continua supervisión tanto a nivel espiritual como en lo relativo a su labor sanativa y ofreciendo una permanente retroalimentación al sanador al respecto.

 En cualquier caso comprendo que a la hora de escoger un sanador desees tener alguna referencia de su posible nivel de competencia, y aunque no me gusta hablar de esto por modestia y porque es un concepto dinámico que va cambiando a medida que voy perfeccionándome trataré de complacerte. Si establezco una equivalencia tomando como referencia sistemas de sanación que sí imparten certificación me correspondería emplear el término “maestría” para referirme a mi nivel de cualificación , y con el mayor respeto por la terminología que cada cual desee usar siento que sería pretencioso por mi parte emplearlo. Ese nivel no se corresponde con el significado que tiene ese término para mí desde un punto de vista espiritual y tampoco conlleva haber logrado la plena realización del máximo potencial sanativo posible, yo considero que son los guías que realizan la labor sanativa a través de mí los que en realidad poseen verdadera maestría tanto a nivel espiritual como sanativo, yo soy un eterno aprendiz de sanador, un postulante a la verdadera maestría en proceso aún de “Ascensión”.

Volviendo tras esta pequeña digresión nuevamente al asunto que estaba tratando, tras descartar esa opción he decidido decirte a este respecto simplemente que como resultado de mi permanente trabajo interior a lo largo del tiempo he logrado un nivel de desarrollo suficiente tanto a nivel espiritual, en términos de sentimiento de compasión y otras cualidades adicionales, como a nivel de competencia profesional en cuanto al cultivo y desarrollo de distintos dones y destrezas en el arte de la percepción y manejo de energías sutiles con valor sanativo como para ser capaz de ejercer una influencia beneficiosa en otras almas confíadas a mi cuidado, elevando su nivel de conciencia y facilitando su proceso de sanación a los distintos niveles de su ser.

Me considero por tanto suficientemente solvente para desempeñar mi cometido de ayudar a las personas que soliciten mis servicios, en la medida en que me lo permitan, a liberarse de sus limitaciones y sufrimiento y sanar a través del empleo de un conjunto de atributos espirituales y destrezas adquiridas a través de mi crecimiento personal, aunque en última instancia me limitaré simplemente a dejar que mi labor sanativa hable por sí misma.