El desarrollo espiritual

Aunque la formación de un sanador incluya también obviamente la adquisición de un conjunto de conocimientos teóricos en la materia y el dominio práctico de ciertas competencias que posibiliten prestar una ayuda efectiva, la labor de cuidar en sanación no es algo relacionado exclusivamente con la competencia técnica sino que posee la importante particularidad de que en esencia tiene que ver con lograr la capacidad de vivir y expresar plenamente el nivel de “Ser “ propio del alma de naturaleza compasiva, requisito previo para poder usar los sentidos psíquicos y desplegar la capacidad sanativa. Ello significa que tanto la manifestación inicial de las capacidades intuitivas, como su posterior desarrollo y aprendizaje de su manejo requiere y conlleva necesariamente un considerable proceso de desarrollo espiritual, entendido como el grado de realización del potencial divino inherente, de hecho la capacidad sanativa suele en general guardar correlación directa con el nivel de conciencia, que marca el “ ancho de banda” de la sanación, y no solo con el posible nivel de conocimientos o excelencia técnica. 

Además de la innegable necesidad del desarrollo espiritual a nivel personal para lograr una madurez psicológica y espiritual y la consiguiente plenitud existencial en términos de salud y bienestar hay dos motivos principales que hacían absolutamente imprescindible que alcanzara un importante grado del mismo para ser capaz de ejercer mi labor sanativa adecuadamente. En primer lugar dado que me valgo principalmente de las capacidades perceptivas y sanativas inherentes a mi Yo superior era imperativo cultivar y realizar una conexión lo más profunda y estable posible con El para poder disponer de las mismas y trascender así las importantes limitaciones del nivel de conciencia ordinario. Un segundo motivo es que soy yo mismo, el instrumento sanativo principal en el desarrollo de mi labor, quien hace de vehículo de transmisión entre la Fuente de la sanación y tu, razón por la cual era indispensable trabajar y sanar cualquier problemática residual que pudiera interferir negativamente restando calidad y por tanto efectividad

a mi actividad sanativa, para que a la hora de realizar la sanación reuniese las condiciones idóneas necesarias para poder alinearme con mi alma y ser un perfecto canal de expresión de la misma.

Además de la innegable necesidad del desarrollo espiritual a nivel personal para lograr una madurez psicológica y espiritual y la consiguiente plenitud existencial en términos de salud y bienestar hay dos motivos principales que hacían absolutamente imprescindible que alcanzara un importante grado del mismo para ser capaz de ejercer mi labor sanativa adecuadamente. En primer lugar dado que me valgo principalmente de las capacidades perceptivas y sanativas inherentes a mi Yo superior era imperativo cultivar y realizar una conexión lo más profunda y estable posible con El para poder disponer de las mismas y trascender así las importantes limitaciones del nivel de conciencia ordinario. Un segundo motivo es que soy yo mismo, el instrumento sanativo principal en el desarrollo de mi labor, quien hace de vehículo de transmisión entre la Fuente de la sanación y tu, razón por la cual era indispensable trabajar y sanar cualquier problemática residual que pudiera interferir negativamente restando calidad y por tanto efectividad a mi actividad sanativa, para que a la hora de realizar la sanación reuniese las condiciones idóneas necesarias para poder alinearme con mi alma y ser un perfecto canal de expresión de la misma.

En cuanto a la forma en que llevé a cabo mi proceso de desarrollo espiritual diré que una buena parte del mismo lo realicé en vidas pasadas, en las que hice mucha introspección y cultivé distintas cualidades y facultades espirituales. En muchas de esas vidas vivía con gran sencillez de la tierra en pequeños pueblos o en áreas remotas. Viví y viajé a menudo en solitario, las relaciones afectivas ocupaban para mi un lugar secundario, y absorbido como estaba en una sempiterna búsqueda de la iluminación daba por sentado que Dios /el Universo proveería mis necesidades. Otra parte de mi desarrollo ha tenido lugar en esta existencia, en la que me propuse desarrollar distintos aspectos de mi mismo que tenían utilidad para mi tanto desde un punto de vista personal como en lo tocante a la labor profesional que pensaba realizar y este aprendizaje, que perseguía un desarrollo integral, ha sido necesariamente vivencial.

En este sentido mi infancia y adolescencia fueron particularmente difíciles y dolorosos, este conjunto de vivencias tempranas de sufrimiento profundamente significativas que inicialmente devastaron mi vida estaban en realidad cuidadosamente diseñadas para que finalmente tuvieran una vertiente positiva, de modo que tanto el sufrir el impacto directo de las mismas como la realización de su posterior sanación estaban al servicio de ayudarme a sentar unas bases sólidas para mi desarrollo espiritual tanto a nivel personal como en lo referente a mi ulterior vocación y ejercicio profesional. En concreto me permitió generar cuatro cualidades con importantes aplicaciones prácticas en el contexto de la sanación.

1. Desarrollar habilidades de resiliencia . Para ser sanador debía poseer una gran fortaleza interior por varias razones. En primer lugar para sobrellevar la conmoción y el sentimiento de confusión y de vulnerabilidad producida cuando se desplegaron en mí de forma abrupta diversas facultades espirituales que trastocaron mi sentido de la identidad y mi percepción de la realidad. Para poder soportar un proceso acelerado de desarrollo espiritual en el que era preciso reestructurar a fondo mi personalidad, y en el que distintas situaciones de dificultad o adversidad, formando parte de mi aprendizaje, actuarían de catalizadores para mi maduración en diferentes aspectos de mi mismo, en un proceso continuo de afrontar retos y crecimiento y subida del nivel de conciencia resultante de haberlos superado. Y por último, ya en el contexto sanativo, ser capaz de tolerar el ingente flujo de información y energía sanativa que pasa a través de mí y poder también estar directamente expuesto a energías de sufrimiento, en sus distintas formas, durante buena parte del día mientras realizo mi labor sin resultar afectado desfavorablemente por ellas.

2. Generar una gran humildad . A través de comprender y aceptar profundamente el hecho de que aunque estamos bendecidos con la misma naturaleza divina por el hecho de estar inmersos aún en pleno proceso de desarrollo espiritual, tenemos aún imperfecciones y en ocasiones cometemos errores y hacemos malas elecciones en nuestras vidas aunque también somos capaces de mejorar nuestras actitudes y conductas y nuestra conciencia espiritual si nos lo proponemos. Esto unido a ser consciente de mi valor intrínseco me permitió ser mucho más capaz de renunciar a emplear mecanismos de defensa y reconocer mi situación real, fuera la que fuese, en lo referente al grado de equilibrio interno que iba logrando y lo que quedaba aún por resolver para enfocarme en ello en mi trabajo interior de autosanación. Por otra parte, el desprenderme de cualquier sentimiento de autoimportancia conllevó dejar de estar únicamente pendiente de buscar mi felicidad personal y lograr una enorme disponibilidad total para interesarme de verdad por los demás y hacer tareas de servicio.

3. Desarrollar un profundo sentimiento de empatía y compasión . El hecho de haber tenido una infancia así reforzó sobremanera mis sentimientos de empatía, de conexión con los sentimientos de los demás y me hizo muchísimo más sensible al dolor, vicisitudes y necesidades espirituales de los demás de modo que me importasen mucho más que si hubiera tenido una infancia más fácil o feliz. Posibilitó que fuera empático y comprensivo con todo aquel que yo supiera de forma intuitiva que se encontraba en una situación de dolor del tipo que fuera, y me sintiera irresistiblemente movido a prestarle a ayuda. La capacidad de ponerme en el lugar de otros y comprender a un nivel profundo sus vidas y conductas generó en mi un profundo sentimiento de compasión, esta capacidad de amar incondicionalmente supuso poder aceptar en el contexto terapéutico a cada persona en su totalidad con sus fortalezas ( cualidades, competencias) y sus debilidades (autolimitaciones, imperfecciones) en cualquier situación en que se encontrase sin juzgar.

4. Fortalecer la conexión con mi alma . El hecho de que en tiempos de tal dificultad, dolor y carencia afectiva no hubiera recursos afectivos ni espirituales externos disponibles para mi ni nadie a quien por tanto recurrir me obligaba necesariamente a interiorizarme, a retirarme por completo a menudo en un espacio interior privado tratando de lograr algún tipo protección y nutrición. Ello facilitó mucho mi consciencia de la existencia de mi dimensión espiritual y también su desarrollo, y fue precisamente en uno de esos momentos cuando escuché por primera vez en mi interior la voz de mi Yo Superior, con el que posteriormente desarrollé a lo largo del tiempo una profunda conexión.

Los traumas a los que he aludido anteriormente, que una vez cumplida su finalidad inicial no tenían porque estar ya durante el resto de mi vida, hicieron crisis en mi adultez joven y fue entonces cuando me vi obligado a comenzar a abordar su sanación, siendo en realidad el ingente y prolongado proceso de su afrontamiento y sanación integral, el que me capacitó para ayudar de forma efectiva a los demás, el que me permitió conocer y comprender de primera mano los aspectos esenciales de la sanación y cuando desarrollé mis habilidades sanadoras. A medida que aprendí a lo largo del tiempo a ser cada vez más responsable de mi propia vida, que fui capaz de ir tomando conciencia con total honestidad de mis aspectos de desequilibrio interno y de mis necesidades y carencias a todos los niveles y comencé a realizar de modo regular e ininterrumpido actividades personales específicas de nutrición /sanación/ autocuidado para atenderlas aprendí a realizar esto mismo por otras personas .

Fue también en este proceso de recoger y colocar las piezas del rompecabezas que fueron los primeros años de mi vida y comenzar a aceptarme en mi totalidad, a comprender y procesar el dolor residual procedente de mi infancia y adolescencia cuando desarrollé consciente y gradualmente el amor incondicional dentro de mí y fui llevándolo a todos los aspectos de mi vida en que hubiera aún sufrimiento para poder sanarlos, de modo que mi aportación sanativa hacia los demás es tan solo la natural extensión y ampliación de este sentimiento que generé en realidad primero hacia mi mismo.

Como consecuencia de esta importante labor interior pude finalmente sanar totalmente las profundas heridas primarias que sufrí en el pasado y trascender definitivamente las importantes limitaciones que me ocasionaban convirtiéndome así en un adulto plenamente realizado que brilla con luz propia, y no un mero producto de las vivencias de aprendizaje que marcaron mi pasado remoto en esta existencia, ni una versión algo mejorada de lo mismo. Logré finalmente llegar a ser la persona que soy en mi corazón y crear una realidad basada en mi más profunda y verdadera esencia, dejando a un lado todas las doctrinas externas inculcadas por mi familia, la sociedad o la religión. Expresándome en términos espirituales puedo decir que siento de verdad que formo parte de la Fuente y puedo desplegar mi más alto potencial espiritual, expresar plenamente mi parte divina.

Aunque en ciertos periodos de mi vida he compaginado estas actividades con mi vida profesional, en distintas ocasiones a lo largo de mi vida para lograr cambios significativos en mi energía me he tomado retiros espirituales muy prolongados, me he “distanciado “ del mundo y he vivido en soledad profunda, con la única compañía de mis guías y mi Yo Superior, para luego volver y participar en la realidad de un modo diferente . La razón de estos retiros era doble, por un lado crear un espacio privado de intimidad, pureza y consciencia que me permitiera llevar a cabo un trabajo interior de tal profundidad y magnitud y por otro ponerme en una situación de carecer de fuentes afectivas externas de modo que tuviera necesariamente que disponer de mis propios recursos internos y aprender a ser una fuente inagotable de amor para mi mismo. Por otra parte, partiendo de la hipótesis de que el Amor estaba dentro de mi, de que yo en realidad era amor, ¿qué sentido tenía buscarlo fuera? .

Estos largos periodos sabáticos, que fueron ya un logro en sí mismos independientemente de los beneficios que también produjeron y que marcaron importantes diferencias en mi vida, fueron manifestaciones directas del poder de mi amor, del poder de mi conciencia que tomó directamente el mando de mi vida dejando a un lado otro tipo de consideraciones personales de índole más prosaica, fueron un aspecto clave para para acelerar exponencialmente mi proceso de transformación y desarrollar mi capacidad de amarme a mi mismo y lograr niveles de conciencia progresivamente superiores.

Ni que decir tiene que realizar y completar este proceso de recuperar nuevamente mi condición original de ser de amor, lo que conlleva convertirme en una fuente inagotable de amor para mi mismo y para los demás, ha sido una parte fundamental tanto de mi apertura a la vibración de sanador como a vivir esa vocación en toda su plenitud.